Marcus regresó trayendo una buena provisión de leña y los cuatro hongos. Preparó una fogata, puso a hervir un recipiente y trituró los cuatro hongos, dejando que cocieran. Cuando hubo cocido un buen rato, vertió el rojizo líquido en un vaso y se acercó a Angie.
—Mi amor, bébete esto, te aliviará —dijo Marcus, ayudándola a incorporarse. Ella bebió todo el contenido y, al cabo de 15 minutos, se encontraba muchísimo mejor.
Esperanza observaba cómo su padre se desvivía por su madre.
—Mi vida, ven, mi preciosa princesita, ya estoy mucho mejor —dijo Angie, al ver la cara de preocupación de su pequeña Esperanza, que gateó hasta los cálidos brazos de su madre.
Devastación se acercó temeroso, y Angie percibió el miedo en su pequeño. Tendió su grácil brazo hacia su hijo, que raudo se acomodó al lado de su hermana.
Marcus asistía con orgullo y algo de preocupación; el remedio era temporal, y tenía que llevarla a un hospital.
—Marcus, mi amor, no te preocupes, mi sistema inmunitario es fuerte y me recuperaré enseguida —dijo Angie, observando la cara de preocupación de su querido esposo.
Continuará...
M. D. Álvarez
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