—¿Ves cómo, cuando tienes paciencia, puedes atrapar al depredador más grande? —dijo Marcus, alzando a chiquitín Devastación, que lo miraba con orgullo.
Angie y Esperanza habían asistido al juego de acecho y derribo con caras de orgullo. Angie amaba a Marcus por su dedicación y cuidado de los mellizos, y Esperanza idolatraba a su padre y respetaba a su hermano por el valor demostrado.
—¿Cuánto tiempo lleváis ahí? —preguntó Marcus sin girarse.
—"Lo suficiente, mi amor", dijo Angie, recogiendo a Devastación de los brazos de Marcus. El chiquitín estaba rendido y se durmió en los graciles brazos de su madre, mientras Esperanza estiraba los bracitos hacia su padre, que dulcemente la tomó con ternura.
—¿Quién es la niña de papá? —dijo Marcus, arremolinando la cabellera pelirroja de Esperanza.
La chiquitina se giró hacia su madre y señaló.
—Jaja, no, mi amor, tú eres mi niña; tu mamá es mi gran amor —rió satisfecho Marcus.
Continuará...
M. D. Álvarez
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