—Aquí —dijo, abriendo los brazos—. Esperanza y Devastación dormían como ceporritos. Angus ayudó a sacar a Marcus de aquel hueco que él había logrado mantener estable con un campo de energía.
Angie se arrodilló junto a los mellizos, observando sus rostros serenos. A pesar del caos que los rodeaba, Esperanza tenía una sonrisa apenas perceptible, mientras Devastación fruncía el ceño, como si soñara con tormentas.
—El campo de energía está debilitándose —advirtió Angus, con la voz tensa—. No sé cuánto tiempo más podremos mantenerlo.
Marcus se incorporó con dificultad, sus ojos aún brillaban con el resplandor azul del esfuerzo. Miró a Angie, luego a los niños, y finalmente al cielo, donde las nubes comenzaban a girar en espiral.
—No podemos quedarnos aquí —dijo—. Si el núcleo se activa, todo este sector colapsará.
Angie asintió. Buscó unas nuevas coordenadas para la reubicación.
—Hay una salida a 500 metros al norte que nos transportará a tu región de origen, Marcus —refirió con determinación Angie.
Continuará...
M. D. Álvarez
No hay comentarios:
Publicar un comentario