Su furia estaba a punto de desatarse cuando la blanca Selene surgió en el firmamento. Un aullido ahogado surgió desde el suelo; con la mejilla aplastada contra la tierra fría, pudo verla.
Ella dijo: —¡Soltadlo!— y se acercó con cuidado. Sabía que, en plena transformación, estaba ciego y furioso. —Marcus, mi amor, estoy aquí. No te preocupes, estoy bien. Dejad que se vaya —pidió Angie.
El grupo de colaboradores abrió paso. Marcus, ya transformado en licántropo, huyó al bosque.
Jhon, el cabecilla de los que habían tratado de someterlo, se acercó a Angie y dijo: —¿Desde cuándo conoces que es un monstruo?
Ella lo fulminó con la mirada y respondió: —Aquí el único monstruo que hay eres tú y tus acólitos. Se fue tras Marcus, que aullaba melancólico.
M. D. Álvarez
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