lunes, 7 de septiembre de 2026

Historia de una familia dispar. XII parte.

Eres capaz de parar una manada de sauropodos rabiosos con tan solo un gesto —dijo Angie al cuerpo casi irreconocible de Marcus—. No te puedes rendir ahora, te necesito más que nunca, tus hijos te necesitan —susurró entre sollozos.

Él no la oía; se debatía entre la vida y la muerte y parecía ir perdiendo.

Esperanza se encaramó a la cama y, con su dulce manita, tocó el brazo casi destrozado de su padre. Hubo una leve reacción; 

Angie lo percibió y observó cómo la pequeña Esperanza se mantenía como en trance. Se acercó al oído de su padre y gorjeó de forma misteriosa. Angie vio cómo Marcus abría los ojos; el dolor tuvo que ser atroz, pero no emitió ni un quejido.

Esperanza se volvió a mirar a su madre y señaló con su pequeña manita a su padre.

—Mi sol, lo has traído de huerta —dijo Angie, abrazando a su pequeña, que soltó una deliciosa sonrisa.

Continuará...

M. D. Álvarez

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