—No sabe con quién se está metiendo. Tú eres el licántropo regius por antonomasia; nada puede contigo. -Susurró al oído de Marcus, y luego lo besó con delicadeza. Después, limpió el zarpazo del pecho de Marcus y lo cubrió con un apósito. —Además, recuerda que yo siempre te apoyaré y te daré aliento cuando te encuentres perdido.
Marcus la miró con aquellos ojos azules que la desarmaban y dijo: —Debo ser más fuerte por ti y por los pequeños. No puedo dejar que me doblegue una criatura, por muy aterradora que parezca.
En aquel preciso instante, asomaron las cabecitas de Esperanza y Devastación al borde de la cama; los dos miraban con preocupación a su padre. Marcus se incorporó y los cogió con mimo, primero a Esperanza, diciéndole: —Tranquila, mi preciosa Esperanza, estoy bien. Solo ha sido un mal sueño. Después, cogió a Devastación y dijo: —Tú tienes que ser más fuerte que yo. Sé que tus sueños son aterradores, pero cuando te observo dormir, no hay ni una pizca de miedo en tu rostro.
Esperanza y Devastación se miraron y sonrieron; sabían que su sonrisa daría fuerzas a su padre.
Continuará...
M. D Álvarez
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