miércoles, 9 de septiembre de 2026

Historia de una familia dispar. XIV parte.

​La cirugía reconstructiva duró muchas horas. Marcus despertó en una habitación privada, sintiendo un peso inusual y una extraña frialdad en su lado izquierdo y derecho. Su primer instinto fue intentar incorporarse, pero un dolor sordo en los puntos de sutura lo detuvo.

​"Estás despierto," susurró Angie, que había estado velando junto a él. Sus ojos, enrojecidos por el cansancio, se iluminaron al verlo consciente. "Todo ha salido bien, mi amor. Son... perfectos."

​Marcus miró. Donde antes había un vacío ahora había un brazo cibernético de un titanio blanco nacarado que se fundía perfectamente con su piel. Las articulaciones eran casi invisibles, y en la palma de la mano brillaba una sutil luz azul que se atenuaba con su pulso. Su nueva pierna derecha era igualmente impresionante: elegante y fuerte.
​Intentó mover los dedos. Al principio fue una sensación extraña, como si la orden viajara más lenta de lo habitual, pero luego, el puño de titanio se cerró con una suavidad asombrosa.

​"¿Qué tal se siente?" preguntó Angie, sosteniendo su mano buena.

​"Pesado... y a la vez, increíblemente ligero," respondió Marcus, girando el brazo. Luego miró a su esposa con una sonrisa, aunque sus ojos reflejaban la preocupación. "¿Y los niños? ¿Dónde están?"

​"Están con la abuela por hoy. Pero mira esto..."

​Angie se levantó y le mostró un pequeño chip del tamaño de una moneda.

​"Es un sistema de adaptación neuronal que he estado diseñando. En unos días, cuando te lo implanten, el brazo y la pierna se sentirán como tuyos. No solo eso, tienen sensores de presión y temperatura. Podrás distinguir el tacto de la seda, el calor de una taza de café..."

​Marcus no pudo evitar la emoción. Era más que una prótesis; era una extensión de sí mismo, diseñada con amor y genio.

​En ese momento, la puerta se abrió. No era la enfermera, sino Devastación. El pequeño se detuvo en el umbral, con sus grandes ojos fijos en el brazo de Marcus. El niño, de casi ocho meses, nunca había visto el brazo herido, solo el hueco.

​Dio un paso hacia adelante. Luego otro. Cuando estuvo junto a la cama, alzó la vista hacia el rostro de su padre y, por primera vez, una sonrisa amplia y sin reservas se dibujó en su rostro. Su pequeña mano regordeta se extendió.

​"Papi, fuerte," dijo Devastación, con voz grave y clara, posando su manita sobre el frío titanio blanco.

​Marcus sintió un nudo en la garganta. No eran las palabras que un padre esperaba (como un simple "mamá" o "agua"), pero eran las palabras perfectas. Su hijo, al verlo restaurado, lo había reconocido y había roto su silencio.

​"Sí, hijo," susurró Marcus, con lágrimas de felicidad. "Fuerte. Gracias a mami."

​Angie sonreía, limpiándose una lágrima furtiva. Ahora, con Marcus completo y Devastación hablando, sentía que su familia estaba, por fin, a salvo.

Continuará...

M. D . Álvarez 

No hay comentarios:

Publicar un comentario