Mientras estuvo inconsciente, Selene no le afectó, pero ahora que se estaba recuperando, no sabían cómo afectarían los cambios biónicos. Angie estaba preocupada; no había tenido en cuenta el cambio que sufría Marcus una vez al mes.
La noche antes de la luna llena, Angie llevó a los mellizos con su abuela y regresó con Marcus. Estaba segura de que, con unos leves cambios en la bioquímica, lograría fusionar las prótesis simbólicamente, tanto con Marcus en su forma humana como en la bestial. Inyectó el suero en el que había trabajado y se quedó junto a él, como había hecho siempre.
Cuidó de él en su transformación; cada convulsión y pulsión era atendida con mimo hasta que su piel se resquebrajó y sus huesos crujieron, dejando salir al licántropo regius de ojos azules, sorprendido por su brazo y su pierna.
—Angie, lo has conseguido. Has logrado dotarme de un brazo y una pierna fabulosos —dijo Marcus con un susurro amoroso.
Continuará...
M. D. Álvarez
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