lunes, 14 de septiembre de 2026

El mejor olfato.

Su olfato era de lo más fino y eficiente; por eso, cuando ella desapareció, su instinto de rastreador afloró de forma eficaz. Cogió el suéter que ella llevaba la noche anterior y olfateó con delicadeza. Enseguida percibió su rastro y salió disparado; el olor lo guiaba. Recorrió sendas, caminos y roquedales. Su olor lo llevó hasta una pequeña cueva; allí, su olor se volvió rancio y acre.

Aquello lo preparó para lo que se iba a encontrar. Se introdujo con dificultad por la grieta; sus ojos azules se adaptaron fácilmente a la oscuridad. Al sortear la grieta, se halló en una cueva ancha y, en medio de ella, un cuerpo. Supo de inmediato que era ella, corrió desesperado hasta su lado y la recogió con delicadeza. 

Su parte humana volvió en sí y colocó sus dedos corazón e índice sobre la carótida; tenía pulso, pero también un golpe en la cabeza. La cogió con ternura y se acercó a la grieta; la depositó en el suelo, apoyada en una estalagmita. Su bestia volvió y utilizó sus garras para ensanchar la grieta. Cuando lo logró, la recogió con suavidad, salió con ella en brazos, la trasladó a un hospital cercano y se quedó junto a ella hasta que ella se despertó.

Continuará...

M. D. Álvarez 

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