martes, 15 de septiembre de 2026

Llamas contenidas.

Aquellas llamas recorrían su cuerpo como lenguas abrasadoras, pero su cuerpo no sentía la quemazón; permanecía imperturbable. Esa furia solo surgía cuando alguien atacaba sin previo aviso y con alevosía a su equipo.

Su instinto se afiló como una hoja recién templada, guiándolo con una precisión casi animal. Cada movimiento era una advertencia silenciosa de que nadie tocaba a los suyos sin pagar un precio. 

La tierra vibró bajo sus pasos cuando liberó la totalidad de su poder contenido. Y en ese estallido, quedó claro que protegerlos no era una misión, sino su naturaleza.

M. D. Álvarez 

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