"Tú sabes lo que te podría hacer tan solo con la tarjeta de crédito que llevo en el bolsillo. Mejor levántate y pídele disculpas, o me veré forzado a abrirte la garganta, no con la tarjeta, sino con mis propias manos."
Aquello dejó al patán lívido, que a duras penas logró levantarse e ir a pedir disculpas a la jovencita que permanecía cohibida por el comentario de aquel facineroso.
M. D. Álvarez
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