El joven tritón, por fin, había logrado alcanzar a la hermosa sirena. Pero algo turbó su sueño: el dios del mar no consentiría que aquel magnífico tritón fuera el galán de su hija favorita y envió al aterrador kraken para separarlos.
No contaba con que ella lo amara tanto que se interpusiera entre aquel monstruo y su amado. El dios del mar tuvo que dar su brazo a torcer y aceptar que aquel apuesto tritón era el favorito de su hija.
M. D. Álvarez
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