miércoles, 16 de septiembre de 2026

Con dos palmos de narices.

—Deja ya de jugar con la comida, dijo, visiblemente disgustado por el cariz que estaba tomando aquella situación. Su amigo llevaba horas intentando dominar a aquella encantadora hada de ojos verdes que, insumisa, no dejaba que le hincara el diente.

Él se acercó y no vio terror en su mirada, solo indiferencia. La habían perseguido por multitud de razones, pero ninguna tan estrafalaria como la de ser comida, y no lo harían hoy tampoco. Salió rauda, cual centella, dejándolos con dos palmos de narices.

M. D. Álvarez 

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