La brisa se acrecentó, trayendo sonidos de risas y chapoteos. Aunque también percibió el cálido aroma de su pareja; era el aliento suave transportado en aquel sereno y perfumado flujo de aire.
Descendió siguiendo al suave céfiro que lo llevó justo junto a su amada, quien, al verlo, sonrió y corrió hacia él, revolviendo su melena azabache, la misma que ondeaba mecida por el soplo de aire en la cima del risco.
M. D. Álvarez
No hay comentarios:
Publicar un comentario