jueves, 11 de junio de 2026

La ofrenda.

Añoro ese sabor tan delicioso a perejil y a ajo bien picado, sazonado con mimo sobre la comida ofrecida como dádiva a los dioses. Pero aquella ofrenda de paz estaba destinada a un aterciopelado licántropo; esa carne, sazonada con ese aliño, lo volvía loco y dócil. 

Los mismos dioses perdían la compostura por las ofrendas de aquella devota, que tenía como guardián a aquel lindo y atlético licántropo.

​—Este es tu plato; siempre será más grande que el de ellos porque tú eres mi amado y dulce guardián —dijo ella acariciando su denso pelaje.

Los dioses se sintieron ninguneados y trataron de arrebatarle su plato, pero sufrieron el ataque furioso.

M. D. Álvarez 

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