Se lanzó en una vorágine de furia y desesperación colina abajo, donde ella yacía envuelta en un charco de sangre. La rodeaban criaturas aberrantes y burlonas que no supieron lo que se les venía encima.
Con un rugido atronador, decapitó a cuatro de los seis que la rodeaban; a los otros dos los despedazó rabioso, tras lo cual se agachó a su lado y tomó su mano, depositándola sobre su cabeza, como acostumbraba a hacer cada vez que él acudía a saludarla. Pero aquella vez, la mano resbaló, inerte, perdiéndose entre sus cabellos.
Él, desconsolado, aulló lastimosamente; aquello alentó a su manada, que acudió a su llamada de dolor, rodearon al joven líder y se unieron a él en su dolor.
M. D. Álvarez
No hay comentarios:
Publicar un comentario