viernes, 12 de junio de 2026

La pieza.

Añoro ese sabor tan delicioso a perejil y a ajo bien picado, sazonado sobre su áurea piel, que le daba un aspecto apetecible.

Aunque no se me permitía hincarle el diente a su tierna carne, no hasta que los mayores hubieran degustado su dulce pieza; y solo entonces se me permitiría saciar mi hambre con las pocas migajas que aquellos vejestorios se dignaran a dejarme.

Menos mal que mi augusta madre se valía de su rango y separaba una porción de su más que suculento cuerpo.

Aquella gacela había sido preparada para la manada.

M. D. Álvarez

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