Me detuve frente a la ventana, observando cómo los primeros rayos de luz teñían de ámbar las copas de los árboles, ignorantes de nuestras prisas y ambiciones.
Atrás quedaron las tormentas del año anterior; ahora, el horizonte se extiende limpio, esperando a ser caminado. Sentí el impulso de dejar de lado los mapas viejos y las rutas conocidas.
A veces, para avanzar, hace falta soltar el lastre de lo que "debió ser" y abrazar lo que está naciendo. Con un café entre las manos y el pulso tranquilo, di el primer paso hacia lo desconocido, dispuesto a dejar que este nuevo ciclo me sorprenda.
M. D. Álvarez
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