La percibió al pasar por un callejón, iba acompañada de un aroma a fresas, dulce y delicado. Aquello hizo que se girara y acortara por el callejón, encontrándose con una adorable nubecilla de color rosa cálido que flotaba, llevada por la corriente de aire que fluía cálidamente desde las alturas.
—¡Qué delicada estampa! —pensó él, rozando la pequeña nube, que se estremeció y desapareció tras el contacto con él. Al verla desaparecer, se sintió entristecido por su temeridad al intentar suavemente agarrarla.
M. D. Álvarez
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