Cuando supo de sus intenciones para con ella, se abalanzó a su cuello y no paró de besarlo con ternura. Era el chico más encantador y reunía los requisitos y valores que ella deseaba.
Metió sus delicados dedos en su melena larga y ondulada, haciendo que él sueltara un suspiro y sonriera.
La miró a los ojos y disfrutó de una cálida mirada de color verde que hizo que se perdiera en ellos, siendo atrapado por ella sin remisión; sería suyo de por vida.
M. D. Álvarez
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