Ella posó su cálida mano sobre el pecho de Marcus, que sintió en su estado onírico la calidad de su estado. Aquello le dio fuerzas, pues aquel brutal monstruo lo estaba vapuleando. Con un último esfuerzo, logró zafarse del ataque de aquel ser y, con un aterrador golpe, asustado, con su poderosa garra desgarró el cuello del animal, que al verse herido mortalmente se retiró, dejando a Marcus exhausto y medio muerto. Si ella no lo hubiera llamado, seguramente estaría muerto.
Continuará...
M. D. Álvarez
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