domingo, 7 de junio de 2026

La yegua.

No sabe si será capaz de matarla. Con todo el tiempo que le había dedicado a aquella hermosa yegua, tras el accidente de su preciosa pequeña, lo único que iluminaba su angelical rostro era verla galopar libre. Hasta que una de sus patas se trabó en un hoyo y se partió. 

Aquello fue un duro golpe para su chiquilla. Probó todos los remedios, entablillando el metacarpo para no tener que sacrificar a la yegua favorita de su pequeña. Al final, el hueso soldó sin complicaciones, cosa que agradeció su dulce angelito. Su sonrisa era lo que más quería.

M. D. Álvarez 

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