lunes, 1 de junio de 2026

Viaje de iniciación.

Su pelo caía en bucles suaves sobre sus anchos hombros. Su mirada, de un azul intenso, reflejaba la férrea determinación de salvar a sus compañeros de las garras de aquel descomunal puma de las montañas. 

Se interpuso entre ellos y aquella bestia salvaje, recibió una dentellada en su hombro derecho, pero pudo desembarazarse de la bestia, le desencajó las mandíbulas y le rompió el cuello con sus férreas manos. Su equipo, al ver sus heridas, corrió a socorrerle; la hemorragia era grave. Ella hizo fuego y puso a calentar un gran machete; cuando lo tuvo al rojo, lo aplicó sobre la herida, cauterizándola. 

El resto del viaje de iniciación lo realizaron a regañadientes; ellos querían volver, pero él insistió: el viaje era importante para el grupo, tenían que aprender a valerse por sí solos en la naturaleza. 

Él era el líder y venía de una familia de rastreadores; su naturaleza salvaje lo dotaba para moverse como un lobo por el bosque. Sin embargo, su equipo era urbanita y se perdía en un jardín.

A medida que el sol comenzaba a descender en el horizonte, el grupo encontró un claro donde establecer un campamento. El líder se sentó junto a una fogata; su herida habia dejado de molestarle despues de que ella le aplicara una pomada antibiotica se ausrnto durante tres horas en las que el equipo se mantuvo zanganeando en el claro solo ella había sido previsora y había preparado un lecho con hojas de helechos. Cuando el volvió traía un gamo y frutas silvestres que dejó cuidadosamente sobre la bandeja luego se puso a despellejar el gamo eviscerarlo y limpiarlo haciendo trozos más manejables que puso a la brasas

—"Los que han hecho algo durante el tiempo que he estado fuera comerán al resto yo les daré su razón, dijo sabiendo quien había colaborado.

Cogió el trozo más grande y otro un poco menor; el de mayor tamaño se lo quedó él y el otro se lo puso en el plato a ella. Al resto les dio 1/4 de libra a cada uno. Ellos lo miraron con hambre.  

—"Si hubierais prestado atención a mis sugerencias, os habría tocado un trozo como el de ella", rugió enojado. —"Eso será todo lo que comeréis hasta mañana."

Después de cenar, ella había preparado otro lecho cerca de ella, cubriendo las hojas de helechos con una gruesa manta de oso negro. Él le había enseñado a calentar un lecho con piedras calientes, y ella había puesto en práctica todas las lecciones que él le había enseñado. .

La primera guardia la realizó él; al terminar, se tendió sobre el suave, mullido y cálido lecho que ella había preparado para él. Al día siguiente, el grupo se puso las pilas y atendió a las explicaciones que él les daba. Les mostró cómo identificar huellas de animales y les enseñó a construir trampas simples con ramas y una cuerda. 

Su equipo se dedicó a plantar trampas, aunque tenían comida suficiente para tres semanas con el gamo que él cazó. Transcurridas dos semanas, el líder decidió levantar el campamento y dirigirse hacia el norte, a las montañas. Su hombro estaba curado gracias a los cuidados de ella. Ahora comenzaría lo duro; sabía que su equipo lo seguiría hasta el fin del mundo.

Hoy escalaremos sin cuerdas. "Atended y seguidme", dijo, dejando su pesada mochila cargada en la rama más alta y separada de un gran roble. Ella hizo lo mismo, y, por ende, el resto hizo lo propio. "Haced lo que yo haga y llegaréis arriba".

Tras cuatro horas de escalada sin cuerda, llegaron a la cima. Él había subido días atrás con arneses, cuerdas y clavos fisureros. Dejando a su grupo con caras anonadadas, la fortaleza y pericia de su líder eran extraordinarias.

—"Y ahora toca bajar", dijo, colocándose el arnés, ató la cuerda a un gran y recio árbol, comenzando el descenso. Ella lo imitó y siguió; el resto se quedó exhausto, tomando aire, y se puso en marcha, descendiendo tras ellos.

M. D. Álvarez 

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