Los golpes, precisos y contundentes, no iban dirigidos a un erudito, sino a los grotescos tentáculos de un Nihilith que emergían de un pórtico dimensional. Cada impacto resonaba con un chasquido seco y un olor a azufre quemado.
—¡Te dije, Zath'rug! —gritó hacia la criatura—. ¡Mi arameo puede estar oxidado para sellar portales, pero para recordar los puntos de presión de un Dios Antiguo, mi memoria es impecable!
A su lado, un joven aprendiz observaba, boquiabierto, con un grimorio abierto. "Aratortas", anotó rápidamente en un margen. "En el dialecto coloquial de los últimos guardianes, significa 'la danza de los golpes que apagan estrellas'".
M. D. Álvarez
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