Ya está aquí otra vez la corriente de aire tan fastidiosa, pero tan coqueta, que se cuida de no molestar al aguerrido y salvaje licántropo que dormitaba a la sombra de un gran roble. Aunque debió de presentir las intervenciones de aquella juguetona brisita, porque abrió un ojo y dijo: —Ni te atrevas a atusarme mi pelaje o te arrepentirás".
La brisa lo observó con visible devoción y dijo: —¿Qué mal podría hacer yo? Una humilde corriente de aire, a tu hermoso pelo tan negro como el vantablack, tan solo deseo colarme entre tu espesa melena para acariciar tu cabello.
M. D. Álvarez
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