Él era su chico buenorro y atractivo, que se comía todo lo que le preparaba. Una noche, fue asaltada por un grupo de maleantes que tiraron por tierra el tupper donde llevaba la cena para él.
—¡Os vais a enterar de lo que vale mi chico! ¡Le habéis dejado sin cenar! —vociferó furiosa.
Tras el grupo, apareció un joven de pelo largo, ondulado y ojos azules que los estampó contra el suelo.
—Lo siento, mi amor. Vamos, te voy a preparar unas exquisiteces —dijo ella, besándolo con ternura.
M. D. Álvarez
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