martes, 16 de junio de 2026

El secreto estaba en sus manos.

Añoro ese sabor tan delicioso a perejil y a ajo bien picado. Era el alma de la cocina de mi abuela, un perfume verde y punzante que anunciaba el banquete mucho antes de que los platos llegaran a la mesa. 

Recuerdo verla picar las hierbas con un ritmo hipnótico sobre la tabla de madera gastada. Aquel aliño sencillo transformaba el pan humilde en un manjar de reyes. 

Hoy, aunque sigo su receta al pie de la letra, el aire no vibra igual. Quizás el ingrediente secreto no era la proporción, sino sus manos cansadas y llenas de amor

M. D. Álvarez 

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