miércoles, 24 de junio de 2026

La octava maravilla.

Porque siete y no diez. Muy sencillo: las otras tres todavía no han aparecido. Si hubieran aparecido antes de que la humanidad estuviera preparada, como ocurrió en realidad, por la avaricia de unos pocos que ambicionaban los hielos eternos, descubrieron antes de tiempo lo que se ocultaba bajo ellos.

Una megaestructura de dos kilómetros de alto, por otros dos de largo y dos de ancho: un cubo perfecto con glifos grabados en una lengua muerta. ¿A que no sabéis qué hicieron los muy desaprensivos? Trataron de dinamitarlo sin conseguirlo; no le hizo ningún rasguño. En vez de eso, despertó algo en su interior, algo que lanzó un aterrador rugido que les heló la sangre. El cubo comenzó a vibrar primeramente con suavidad y, después, se fue acelerando y despidiendo una luz cegadora. Cuando cesó, apareció ante ellos un titánico licántropo encadenado..

 Parecía dormido, ni mucho menos; estaba pensando si devoraría el mundo o dejaría que continuara. Aunque aquellos desalmados trataron de darle muerte, lo que lo enfureció soberanamente, abrió los ojos y su furia se desató contra aquellos que habían importunado su sueño.

Las cadenas que lo sujetaban cayeron, haciendo que los desaprensivos huyeran aterrorizados. Mientras el gigantesco licántropo se estiraba y desperezaba, salió tras ellos y los devoró uno tras otro; así aprenderían a no tocar lo que no es suyo. Tras tan drástico correctivo, el licántropo regresó a su estado de letargo, pues todavía no era tiempo de finalizar la obra. Los hielos volvieron a cubrir tan misterioso cubo hasta que la humanidad aprendiera que no era el ombligo de la creación.

M. D. Álvarez

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