Su técnica impecable comenzó con la cruz en escuadra, seguido de una cruz de Malta, continuando con una plancha victoriana y, en la salida, efectuó un doble tirabuzón que clavó a la perfección.
Marcus aterrizó con una precisión que hizo
temblar a los jueces, como si la gravedad hubiera decidido cooperar con él. El silencio del pabellón se rompió en un rugido cuando levantó la vista y aceptó el desafío.
Marcus repetió su grito —“¡Supéralo si puedes!”— sabiendo que nadie en esa arena podría hacerlo. Y aun así, Marcus sonrió, como quien invita al mundo entero a intentarlo otra vez
M. D. Álvarez
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