Lo descubrió en un enclave aislado donde los de su clase podían correr libres, pelearse entre ellos y gozar de las mieles de la victoria.
En cuanto él la vio, desplegó todo tipo de saltos y enfrentamientos con los suyos. Ella había tocado su noble e indómito corazón; luchó con bravura y dedicación. Sus combates duraron semanas, pero estaba dispuesto a morir por ella.
Cuando por fin todos los pretendientes fueron vencidos, se aproximó a ella, recogió una hermosa flor que crecía en aquel enclave. Sus hermosos colores rosáceos, lilas y anaranjados la sorprendieron. Aquella flor era su forma de declararle su amor. Eran dos seres de distinta clase social, pero el amor que él le profesaba derribaría los muros sociales.
M. D. Álvarez
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