martes, 6 de enero de 2026

El oso cavernario. 2da parte.

Mientras su equipo se apresuraba a levantar al oso cavernario, ella no podía apartar la mirada de su jefe, que yacía inmóvil bajo el peso del gigante. Con cada segundo que pasaba, la angustia crecía en su pecho. Finalmente, con un esfuerzo conjunto, lograron desplazar al enorme animal y liberar a su líder.

Él se levantó lentamente, tambaleándose un poco mientras se limpiaba la sangre de la cara. A pesar de las heridas visibles, una chispa de determinación brillaba en sus ojos. 

—No es nada que un buen vendaje y un poco de descanso no puedan curar —dijo con una sonrisa cansada, tratando de calmar a su equipo.

Ella sintió un alivio instantáneo, pero también una oleada de preocupación. Se acercó rápidamente a él y le tomó el brazo.

—¿Estás seguro? Podrías haber muerto allí —dijo, su voz temblando ligeramente.

—No te preocupes por mí —respondió él, mirando profundamente en sus ojos—. Lo importante es que estamos juntos y a salvo. 

El grupo se reunió alrededor de ellos, aliviados pero aún nerviosos por la experiencia. Decidieron hacer un alto para evaluar las heridas y descansar. Mientras preparaban un fuego, ella lo miraba con admiración; había arriesgado su vida por ellos y había salido victorioso.

Más tarde esa noche, mientras el fuego crepitaba suavemente, él se sentó junto a ella. La tensión del día comenzó a desvanecerse, y una sensación de camaradería llenó el aire.

—¿Sabes? —comenzó él—. Nunca he tenido un equipo tan valiente como éste. No solo luchan hombro con hombro; también se cuidan mutuamente.

Ella sonrió tímidamente, sintiendo que esas palabras significaban más de lo que él sabía.

—Lo hacemos porque creemos en ti —respondió ella—. Eres nuestro líder, pero también eres nuestro amigo.

Un silencio cómodo se instaló entre ellos mientras contemplaban las llamas danzantes. Esa noche, bajo el manto estrellado del cielo, ambos supieron que habían forjado algo más fuerte que solo una relación profesional; habían creado un vínculo indestructible basado en confianza y valentía.

M. D. Álvarez 

lunes, 5 de enero de 2026

El oso cavernario.

Frente a ellos, aquella espantosa criatura buscaba una presa. Él les dijo que no se movieran; tras la cascada estaban a salvo, ya que amortiguaba el sonido y el movimiento. El descuido de uno de sus hombres al dejar caer una de sus armas fuera de la cascada lo llevó a intervenir. Sacando su kukri y dando un portentoso salto, atravesó la cascada, aterrizando sobre el lomo de aquel aterrador y gigantesco oso cavernario. La lucha fue despiadada; él asestó tres fuertes golpes sobre las cervicales del oso, que, desesperado, se puso sobre sus dos patas traseras e intentó aplastarlo contra las rocas. Pero él era muy hábil y saltó a un lado, cosa que el oso aprovechó para abalanzarse sobre él. Con un certero golpe, hundió su kukri en el corazón del oso, que cayó sobre él..

Su equipo creyó que el oso lo había matado y lloraban su pérdida. Hasta que ella se acercó y oyó que alguien decía: –"No os quedéis como unos padmarotes y sacadme de aquí." Ella corrió y tiró de una de las garras, diciendo: "Está vivo, hay que levantar al oso." Arengó a sus compañeros, que fueron a ayudarla. Levantaron al gigantesco oso; bajo él estaba su jefe, empapado en sangre. Ella se asustó. 

"No es mía", dijo él, tranquilizándola.

Continuará...

M. D. Álvarez 

domingo, 4 de enero de 2026

El corazón de un príncipe. 4ta parte.

Cuando dejó de ser un joven mozalbete y pasó a ser un adulto, la primera noche en que la luna asomó por el horizonte, Drakion comenzó a sentir que algo en su interior pugnaba por salir. Su madre, junto al resto de la familia reunidos a su alrededor, le protegían, pero él era distinto a todos; tenía parte humana y parte alhurion. 

Su madre pidió al espíritu de Draian que ayudara a contener el dolor que su hijo estaba sufriendo al sentir su parte salvaje aflorar, desgarrando su tierna piel. El espíritu de Draian se presentó, etéreo y majestuoso, tal y como ella lo recordaba.

—Drakion, escúchame. Tu corazón es grande y fuerte. El dolor pasará y serás el ser más especial de todos, ya que en ti habitan dos energías: la humana de tu adorada madre y la mía —dijo el espíritu de Draian, acercándose a su hijo. Puso su etérea mano sobre su noble cabeza, consiguiendo que el dolor fuera imperceptible. 

Tras desgarrar la suave piel del joven Drakion, surgió un hermoso alhurion de pelaje dorado y ojos de un intenso azul, que se postró ante la figura etérea de su padre. Después, se acercó a su amada madre y juntó su frente con la suya en señal de respeto, tras lo cual se alzó y lanzó un aullido; era un aullido melodioso de aceptación al que se unieron todos los alhurion, incluida su madre.

M. D.  Álvarez 

sábado, 3 de enero de 2026

El corazón de un príncipe. 3ra parte.

Tu nombre será Drakion, de la muy noble casa de los Alhurion. Tu corazón será como el de tu padre: grande y fuerte. Serás noble y sabio como él.  El pequeño había heredado sus hermosos ojos azules y su denso pero suave pelaje.  

Su pequeña tía anunció a los Alhurion la llegada de un nuevo ser de noble cuna, lanzando un aullido de verdadera felicidad, al que se sumó toda la población de su territorio, llegando hasta la región donde el joven Draian había perdido la vida. 

Los moradores de aquella región temblaban de miedo al oír los aullidos y se encerraron asustados en sus fortalezas. Aún recordaban la muerte de aquel ser que no se defendió por amor a una de sus conciudadanas, la cual había desaparecido llevándose las cenizas de aquel Alhurion al norte y no volvió.

Ahora su retoño corría libre con su familia por los tan añorados campos que su padre siempre llevó en su sangre.

Continuará...

M. D. Álvarez 

viernes, 2 de enero de 2026

El corazón del bosque. 2da parte.

Mientras creía que él dormía con una tranquilidad que no había tenido en todo un año, ella se sentó frente al saquito.

—Vamos, ábrelo —dijo él desde el umbral del dormitorio. 

Ella se sobresaltó al verlo; su luz todavía irradiaba un fulgor milenario.

—Creí que dormías —dijo ella.

—Se me hace raro dormir en blando cuando me he pasado todo un año durmiendo a la intemperie sobre el suelo húmedo y hostil del bosque. Tengo que acostumbrarme de nuevo al calor del hogar y a la mullida cama que ahora comparto contigo —respondió él con una sonrisa triste.

Solo él sabía lo que había sacrificado por ella: su destino estaba ligado al corazón del bosque. Si este dejaba el reino tenebroso del bosque, él dejaría de existir y ella sufriría al descubrir su destino...

M. D. Álvarez

El corazón de un príncipe. 2da parte

La joven sintió cómo el peso de la tristeza se aligeraba un poco al escuchar las palabras de la madre de Draian. La aceptación y el respeto que la familia del alhurion le ofrecía era un bálsamo para su corazón herido. Sabía que su amor, aunque truncado, había dejado una huella imborrable en su vida y en la de su descendencia.

Mientras el luto se transformaba en celebración, la madre de Draian se acercó a ella con ternura. “Tu viaje no ha sido en vano. La simiente que llevas dentro es un vínculo eterno entre nuestras razas. Él siempre vivirá a través de ti”, dijo, acariciando suavemente su vientre.

La joven asintió, sintiendo una mezcla de dolor y esperanza. En su interior, la vida comenzaba a florecer, y con cada latido, sentía que el espíritu de Draian estaba presente, guiándola hacia un futuro que aún no podía vislumbrar.

Los días pasaron mientras se quedaba con la familia del alhurion. Aprendió sobre sus costumbres y tradiciones, descubriendo la rica cultura de los alhuriones que había estado tan alejada de ella. Se unió a sus rituales bajo la luna llena, donde danzaban y cantaban en honor a los espíritus ancestrales. En cada celebración, sentía cómo el amor por Draian se mezclaba con el orgullo por su herencia.

Una noche, mientras contemplaban las estrellas desde una colina cercana, la hermana pequeña de Draian se acercó a ella. “¿Cómo lo conociste?” preguntó con curiosidad. 

La joven sonrió al recordar los momentos compartidos. “Era un guerrero noble y valiente, pero también era tierno y comprensivo. Siempre sabía cuándo necesitaba consuelo”, respondió, con lágrimas en los ojos.

“Tu amor es lo más puro que he visto”, dijo la hermana mientras abrazaba a la joven. “Cuando nazca tu hijo, será un puente entre nuestros mundos.”

A medida que pasaban los meses, la joven comenzó a prepararse para el nacimiento del niño. La madre del alhurion le enseñó a tejer mantas y a cantar canciones ancestrales que resonarían en el corazón del bebé. Cada día que pasaba se sentía más conectada con su nuevo hogar y con la familia de Draian.

Finalmente, llegó el día del nacimiento. Bajo el brillo plateado de la luna llena, rodeada por las mujeres alhuriones, dio a luz a un hermoso niño que llevaba en sus ojos el reflejo del cielo estrellado. Al sostenerlo en brazos, sintió que Draian estaba allí con ella, sonriendo desde el más allá.

“Bienvenido al mundo”, susurró mientras las lágrimas caían por sus mejillas. “Eres amado más allá de lo que puedes imaginar.”

La familia celebró el nacimiento como un nuevo comienzo y una unión entre dos mundos. La joven supo en ese instante que su amor nunca había sido en vano; había creado vida y esperanza donde antes solo había dolor.

Continuará...

M. D. Álvarez 

jueves, 1 de enero de 2026

El corazón de un príncipe.

Ella llevaba siempre una cadena al cuello con un casquillo de plata; era un recordatorio de la muerte de su pareja, un aguerrido alhurion. Lo habían sacrificado en contra de sus deseos; no lo querían cerca, al ser una criatura de naturaleza dual. Decían que no se fiaban de él. Lo torturaron y sometieron a vejaciones; ni siquiera luchó cuando le estaban arrancando los grandes colmillos. Él no se resistió.

Pero ella sabía que él era todo corazón y ninguna maldad. Por eso, abandonó el grupo. Uno de los torturadores de su bello alhurion lucía uno de sus grandes colmillos al cuello. Ella no lo consintió y se lo arrancó con furia, guardándolo con tristeza; era lo único que le quedaba de su apuesto compañero.

Se encaminó hacia las tierras del norte a ofrecer las cenizas de su joven amor a los de su raza. Él siempre quiso volver a su tierra y correr libremente por las grandes praderas, pero por amor se quedó con ella. .

Su raza era de una noble estirpe, hijos de la luna y el sol. Al verla llegar, supieron que algo había pasado y mandaron a recibirla a la hermana más pequeña del noble Draian. La pequeña reconoció la urna de su hermano y aulló de dolor; la familia se unió en el aullido y rodeó a la joven que había separado a su miembro más noble para llevárselo lejos.

La madre observó a la joven y descubrió algo que ella no había percibido aún: en su vientre se gestaba un nuevo ser, entre alhurion y humano.

"Serás siempre bienvenida a nuestro hogar. Tú portas la simiente de mi adorado hijo en tu vientre", dijo ella, agachando la cabeza en señal de respeto.

Continuará...

M. D. Álvarez