Su pequeña tía anunció a los Alhurion la llegada de un nuevo ser de noble cuna, lanzando un aullido de verdadera felicidad, al que se sumó toda la población de su territorio, llegando hasta la región donde el joven Draian había perdido la vida.
Los moradores de aquella región temblaban de miedo al oír los aullidos y se encerraron asustados en sus fortalezas. Aún recordaban la muerte de aquel ser que no se defendió por amor a una de sus conciudadanas, la cual había desaparecido llevándose las cenizas de aquel Alhurion al norte y no volvió.
Ahora su retoño corría libre con su familia por los tan añorados campos que su padre siempre llevó en su sangre.
Continuará...
M. D. Álvarez
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