Tenía que pensar rápido si quería salvarlos a todos. Dentro de aquel crucero se encontraban al menos 50 personas, entre las que estaba su prometida. Habían sido alcanzados por un torpedo y no había suficientes botes salvavidas, pero él fue distribuyendo a las mujeres y niños en los cuatro botes que habían quedado. Vio con estupor cómo ella no subía al bote, cediendo el sitio a una dulce ancianita. Izó los botes a pulso y los arrojó con mucho esfuerzo, pero cuando estuvieron los cuatro botes en la mar, les dijo que se alejaran si no querían ser succionados por el barco cuando se hundiera.
Llevo al resto del pasaje a la proa, ya que allí quedaría más aire según se fuera hundiendo el barco.
"Espérame aquí", le dijo a ella. "Volveré a buscarte", y se zambulló en las gélidas aguas. Volvió al cabo de 15 minutos; traía una serie de bombonas de buceo y las fue sacando una a una. Él buceaba a pulmón mientras los pasajeros se servían de las bombonas. Ya solo faltaba ella; se volvió a sumergir y la encontró aterrorizada.
"Tranquila, te dije que me esperaras y ya estoy contigo. Ahora coge el respirador y sígueme, te llevaré sana y salva ahí afuera."
Continuará...
M. D. Álvarez
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