Él se levantó lentamente, tambaleándose un poco mientras se limpiaba la sangre de la cara. A pesar de las heridas visibles, una chispa de determinación brillaba en sus ojos.
—No es nada que un buen vendaje y un poco de descanso no puedan curar —dijo con una sonrisa cansada, tratando de calmar a su equipo.
Ella sintió un alivio instantáneo, pero también una oleada de preocupación. Se acercó rápidamente a él y le tomó el brazo.
—¿Estás seguro? Podrías haber muerto allí —dijo, su voz temblando ligeramente.
—No te preocupes por mí —respondió él, mirando profundamente en sus ojos—. Lo importante es que estamos juntos y a salvo.
El grupo se reunió alrededor de ellos, aliviados pero aún nerviosos por la experiencia. Decidieron hacer un alto para evaluar las heridas y descansar. Mientras preparaban un fuego, ella lo miraba con admiración; había arriesgado su vida por ellos y había salido victorioso.
Más tarde esa noche, mientras el fuego crepitaba suavemente, él se sentó junto a ella. La tensión del día comenzó a desvanecerse, y una sensación de camaradería llenó el aire.
—¿Sabes? —comenzó él—. Nunca he tenido un equipo tan valiente como éste. No solo luchan hombro con hombro; también se cuidan mutuamente.
Ella sonrió tímidamente, sintiendo que esas palabras significaban más de lo que él sabía.
—Lo hacemos porque creemos en ti —respondió ella—. Eres nuestro líder, pero también eres nuestro amigo.
Un silencio cómodo se instaló entre ellos mientras contemplaban las llamas danzantes. Esa noche, bajo el manto estrellado del cielo, ambos supieron que habían forjado algo más fuerte que solo una relación profesional; habían creado un vínculo indestructible basado en confianza y valentía.
M. D. Álvarez
No hay comentarios:
Publicar un comentario