martes, 27 de enero de 2026

Desde las alturas 2da parte.

La pelirroja lo miró con ojos curiosos, intentando descifrar las intenciones del joven licántropo. 

—¿Vigilas a las personas? —preguntó, incrédula—. ¿Eres un guardián o algo así?

El joven lobo sonrió con una mezcla de orgullo y misterio.

—En cierta forma, sí. Mi deber es proteger a los que no pueden defenderse. Hay muchas cosas en este barrio que pueden ser peligrosas al caer la noche.

Ella asintió, sintiendo una extraña combinación de miedo y admiración por él.

—No sabía que había seres como tú por aquí —dijo, su voz temblando ligeramente—. Pensé que solo eran leyendas.

—Las leyendas tienen algo de verdad —respondió él, con un tono suave—. La gente suele olvidar que hay más en el mundo de lo que se ve a simple vista.

Decidieron caminar juntos por las calles poco iluminadas, la pelirroja sintiéndose más segura con la presencia del joven lobo a su lado. Mientras avanzaban, comenzó a hacerle preguntas sobre su vida en las alturas.

—¿Qué es lo que ves desde allí arriba? —preguntó ella con curiosidad genuina.

—Todo —respondió él—. Las luces de la ciudad brillan como estrellas caídas y los secretos de la noche se revelan en cada rincón. A veces, me siento solo, pero también hay belleza en esa soledad.

La pelirroja se sintió atraída por su forma de ver el mundo. 

—Me encantaría ver eso algún día —dijo ella, soñadora—. Escapar de esta rutina y ver las cosas desde otra perspectiva.

El joven lobo se detuvo y la miró fijamente, como si estuviera considerando algo importante.

—Si quieres, puedo llevarte a mi base algún día —ofreció él—. Desde allí arriba, todo se ve diferente. Prometo que te sentirás libre.

Ella sonrió ante la idea, pero al mismo tiempo sentía un pequeño temor ante lo desconocido.

—Me encantaría… pero tengo miedo —confesó—. No sé si estoy lista para dejar atrás lo familiar.

Él se acercó un poco más, su mirada llena de comprensión.

—Lo entiendo. A veces, dar el primer paso es lo más difícil. Pero recuerda, no tienes que hacerlo sola. Estoy aquí para ayudarte.

La pelirroja sintió cómo su corazón latía con fuerza ante sus palabras. Había algo reconfortante en la promesa del joven lobo: una posibilidad de aventura y descubrimiento que nunca había imaginado antes.

Mientras continuaban su camino bajo el manto estrellado del cielo nocturno, ella supo que estaba empezando a escribir un nuevo capítulo en su vida; uno lleno de misterios y tal vez incluso magia.

M. D. Álvarez 

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