domingo, 4 de enero de 2026

El corazón de un príncipe. 4ta parte.

Cuando dejó de ser un joven mozalbete y pasó a ser un adulto, la primera noche en que la luna asomó por el horizonte, Drakion comenzó a sentir que algo en su interior pugnaba por salir. Su madre, junto al resto de la familia reunidos a su alrededor, le protegían, pero él era distinto a todos; tenía parte humana y parte alhurion. 

Su madre pidió al espíritu de Draian que ayudara a contener el dolor que su hijo estaba sufriendo al sentir su parte salvaje aflorar, desgarrando su tierna piel. El espíritu de Draian se presentó, etéreo y majestuoso, tal y como ella lo recordaba.

—Drakion, escúchame. Tu corazón es grande y fuerte. El dolor pasará y serás el ser más especial de todos, ya que en ti habitan dos energías: la humana de tu adorada madre y la mía —dijo el espíritu de Draian, acercándose a su hijo. Puso su etérea mano sobre su noble cabeza, consiguiendo que el dolor fuera imperceptible. 

Tras desgarrar la suave piel del joven Drakion, surgió un hermoso alhurion de pelaje dorado y ojos de un intenso azul, que se postró ante la figura etérea de su padre. Después, se acercó a su amada madre y juntó su frente con la suya en señal de respeto, tras lo cual se alzó y lanzó un aullido; era un aullido melodioso de aceptación al que se unieron todos los alhurion, incluida su madre.

M. D.  Álvarez 

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