Su madre pidió al espíritu de Draian que ayudara a contener el dolor que su hijo estaba sufriendo al sentir su parte salvaje aflorar, desgarrando su tierna piel. El espíritu de Draian se presentó, etéreo y majestuoso, tal y como ella lo recordaba.
—Drakion, escúchame. Tu corazón es grande y fuerte. El dolor pasará y serás el ser más especial de todos, ya que en ti habitan dos energías: la humana de tu adorada madre y la mía —dijo el espíritu de Draian, acercándose a su hijo. Puso su etérea mano sobre su noble cabeza, consiguiendo que el dolor fuera imperceptible.
Tras desgarrar la suave piel del joven Drakion, surgió un hermoso alhurion de pelaje dorado y ojos de un intenso azul, que se postró ante la figura etérea de su padre. Después, se acercó a su amada madre y juntó su frente con la suya en señal de respeto, tras lo cual se alzó y lanzó un aullido; era un aullido melodioso de aceptación al que se unieron todos los alhurion, incluida su madre.
M. D. Álvarez
No hay comentarios:
Publicar un comentario