miércoles, 14 de enero de 2026

Bajo los cascotes.

Sus amigos se asustaron al ver los destrozos de su espalda, pero no se quejó; había evitado que los cascotes cayeran sobre ella. Seguía recostada y dormida, no supo lo cerca que estuvo de morir aplastada. El equipo trabajó como un conjunto, quitando los cascotes de su espalda. Cuando al fin se vio libre del peso, se bajó delicadamente de la cama donde ella seguía dormida. Tenía que trasladarla a otra estancia, así que la cogió con suavidad en brazos y la trasladó ante las miradas atónitas de sus amigos; no comprendían cómo se mantenía en pie.

Mientras avanzaba con cuidado, el peso de su amiga en brazos era un recordatorio constante del sacrificio que había hecho para protegerla. 

—¿Estás bien? —preguntó uno de sus amigos, acercándose un poco.

Él asintió, aunque sabía que las palabras no eran suficientes para transmitir lo que sentía. En su mente, revivía el momento en que los cascotes comenzaron a caer, el estruendo ensordecedor y su instinto de lanzarse hacia ella sin pensarlo dos veces.

Cuando finalmente llegó a una habitación más segura, dejó a su amiga suavemente sobre un sofá desgastado. El silencio era ensordecedor; solo se escuchaba el ligero susurro de su respiración mientras permanecía dormida, ajena al peligro que había enfrentado.

Sus amigos se agruparon alrededor, mirándola con preocupación. Uno de ellos se agachó para verificar su pulso.

—Está viva —dijo, aliviado—, pero necesita atención médica urgentemente.

Él sintió un nudo en el estómago al pensar en lo cerca que habían estado de perderla. Se quedó observando mientras uno de sus amigos buscaba ayuda, sintiendo cómo la adrenalina comenzaba a desvanecerse y dejaba paso a una ola de agotamiento.

De repente, ella se movió ligeramente y abrió los ojos lentamente. Al principio pareció confundida, pero cuando vio su rostro familiar frente a ella, una chispa de reconocimiento iluminó su mirada.

—¿Qué pasó? —murmuró con voz débil.

—Estabas en peligro —respondió él, sintiendo cómo su corazón se aceleraba—. Pero estoy aquí... te prometo que estaré siempre aquí para protegerte.

Ella sonrió débilmente antes de volver a cerrar los ojos, como si supiera que estaba a salvo ahora.

Mientras sus amigos comenzaban a organizarse para buscar ayuda médica, él se sentó junto a ella, sintiéndose más decidido que nunca. Sabía que su conexión iba más allá del simple compañerismo; había algo especial entre ellos que había sobrevivido incluso al caos más aterrador.

M. D..Álvarez 

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