miércoles, 21 de enero de 2026

Bajo los hielos de Europa. 2da parte.

Mientras se abrazaban, el bullicio de la base Edward se desvanecía a su alrededor. Todo lo que él podía sentir era la calidez de su presencia, un refugio en medio de la frialdad del vasto espacio. Sin embargo, la alegría del regreso pronto se vio ensombrecida por una inquietud palpable.

—¿Qué encontraste allá abajo? —preguntó ella, separándose un poco para mirarlo a los ojos, buscando respuestas en su expresión.

Él dudó por un momento, recordando las maravillas que había visto y las sombras que también había sentido en las profundidades. Sabía que debía ser cuidadoso con sus palabras.

—Encontré cosas increíbles, pero… —su voz se volvió seria—. No todo es lo que parece. Hay más vida de la que imaginábamos, pero también hay algo más… algo desconocido.

Ella frunció el ceño, su preocupación creciendo. 

—¿Desconocido? ¿Te sentiste en peligro?

Él tomó aire y asintió lentamente. 

—Había una presencia extraña. No era hostil, pero tampoco parecía amistosa. Las criaturas que vi eran hermosas, pero había algo en las profundidades que me observaba… como si estuviera siendo estudiado también.

El rostro de ella palideció un poco al escuchar sus palabras. La idea de que no estaban solos en ese océano helado era inquietante.

—¿Y qué haremos ahora? —preguntó ella con determinación.

Él sonrió débilmente, admirando su valentía. 

—Debemos investigar más. No podemos quedarnos con solo lo que vi; hay demasiadas preguntas sin respuesta. Y necesito tu ayuda.

Ella levantó la barbilla, decidida.

—Siempre estaré a tu lado. Desde la guardería hasta aquí, siempre he creído en ti y en tus sueños. Juntos podemos descubrir qué hay debajo de esos hielos.

Así fue como decidieron formar un nuevo equipo; ella se convertiría en su científica asistente y exploradora personal. Comenzaron a planear su próxima misión: equipar una nueva expedición para descender nuevamente a las aguas de Europa, esta vez con tecnología avanzada y un equipo preparado para enfrentar cualquier eventualidad.

A medida que pasaban los días preparando el viaje, él sentía cómo crecía su conexión con ella. Cada risa compartida y cada mirada cómplice reforzaban un vínculo que iba más allá de la amistad; era una promesa de aventura mutua y descubrimiento.

Finalmente, llegaron al día del lanzamiento. Mientras abordaban la nave, él tomó su mano y le dijo:

—No importa lo que encontremos allá abajo, sé que juntos podemos enfrentar cualquier cosa.

Ella apretó su mano con fuerza y sonrió, sintiendo una mezcla de emoción y nerviosismo.

—Entonces vamos a descubrirlo. Por Europa y más allá.

Con los motores rugiendo a su alrededor y la inmensidad del espacio frente a ellos, se lanzaron hacia lo desconocido, listos para enfrentar los secretos ocultos bajo el hielo de Europa y explorar no solo las profundidades del océano, sino también los misterios de su propia relación.

M. D. Álvarez 

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