sábado, 24 de enero de 2026

Suprema bondad..

La calma llegaba a raudales, en ondas constantes que ella le otorgaba. En cada beso imprimía una calma inusitada, justo lo que él necesitaba para calmar su visible estado de frustración. No había llegado a tiempo y su furia se desató con todo aquel que le salía al paso. Por eso, sus amigos no se atrevían a cruzarse en su camino si no querían ser fulminados sin mediar palabra.

Ella conocía sus estados de ánimo y, con solo verlo, supo que no podría controlarlo con dulces palabras. Por eso, se acercó con cautela y lo besó plácidamente, con toda la calma del mundo. Con cada beso, ella notaba cómo se iba calmando, hasta que se arrodilló ante ella, abrazado a su vientre. Ella sonrió dulcemente, sintiendo que la frustración de él se iba disipando. Con un gesto delicado, acarició su cabello; lo quería con sus defectos y virtudes.  

—¿Qué sucede, mi vida? —preguntó con un susurro. Él levantó la mirada, todavía perdida en las sombras, pero el mero hecho de verla a ella terminó de disipar sus dudas.  

—No lo sé —dijo en un hilo de voz. No logro contener mi furia; con cada provocación, pierdo más y más mi naturaleza bondadosa, dando paso a una furia indómita.  

—Mi amor, debes recordar lo especial que eres para mí; yo siempre te ayudaré a retornar a tu estado de suprema bondad —respondió con suma dulzura.

M. D. Álvarez 

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