jueves, 8 de enero de 2026

El arqueólogo y su chica.

Procuraba mantenerse a distancia cuando ella estaba con sus amigas. Sabía el efecto que ejercía sobre ellas; por eso, se mantenía equidistante. Su aspecto lo hacía irresistible para sus amigas, y ella lo sabía. Por eso, no quería que sus amigas lo conocieran. Una de sus amigas le dijo: "A ver, ¿cuándo nos presentas a ese enigmático amigo tuyo? Que no lo vamos a morder."

Ella sonrió nerviosamente ante el comentario de su amiga, sintiendo cómo el calor subía a sus mejillas. 

—"No sé... No es tan fácil,"—respondió, tratando de sonar despreocupada. 

Sus amigas la miraron con burla, como si pudieran ver a través de su fachada. Una de ellas, Carla, arqueó una ceja y dijo: 

—"Vamos, solo queremos conocer al chico misterioso. ¿Qué tal si lo invitamos a salir con nosotras este fin de semana?"

La idea le revolvió el estómago. ¿Qué pasaría si él se sentía incómodo? O peor aún, ¿y si sus amigas se sentían atraídas por él? Sabía que no podía seguir evitando la situación. Así que decidió actuar.

—"Está bien, lo haré,"—dijo finalmente, sorprendiendo incluso a sí misma con su respuesta.

La semana pasó lentamente mientras se preparaba para el encuentro. Se preguntaba qué haría si su amigo se daba cuenta de su nerviosismo. El día llegó y ella decidió usar un vestido que le hacía sentir segura, pero también un poco vulnerable.

Cuando llegó el momento y él apareció en el bar, todos los ojos se volvieron hacia él. Su presencia era magnética; los chicos y chicas no podían evitar mirar hacia su dirección. Ella sintió un nudo en el estómago al pensar en lo que podía pasar.

—"Hola,"—saludó él con una sonrisa encantadora. 

—"Hola,"—respondió ella, tratando de mantener la calma.

A medida que la noche avanzaba y las risas llenaban el aire, sus amigas comenzaron a hacer preguntas sobre él. Ella se sintió cada vez más ansiosa mientras veía cómo sus amigas coqueteaban abiertamente.

—"¿Y tú? ¿Qué te gusta hacer en tu tiempo libre?"—preguntó Carla con una mirada coqueta.

Él sonrió sin perder la compostura. 

—"Me gusta la arqueologia,"—dijo, echando una mirada rápida hacia ella antes de continuar—. "Buscar rastros de antiguas civilización."

Ella sintió que su corazón latía más rápido; sabía cuán apasionado era por eso. Pero al mismo tiempo, veía cómo sus amigas parecían cada vez más interesadas en él.

Fue entonces cuando decidió intervenir. 

—"¡Deberías mostrarles algunaos de tus hallazgos!"—sugirió con entusiasmo, buscando cambiar el rumbo de la conversación.

Él asintió y sacó su teléfono para mostrarles algunas imágenes impresionantes de unas ciclopeas ruinas halladas en la pequeña issla de Mikonos. Sus amigas quedaron fascinadas, pero ella se dio cuenta de que estaba disfrutando más de la atención hacia él que del tiempo juntos.

Mientras todos admiraban las fotos, ella se dio cuenta de lo importante que era para ella proteger ese vínculo especial que tenían. Así que decidió dar un paso adelante y hablarle a solas más tarde.

M. D. Álvarez 

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