Frente a ellos, aquella espantosa criatura buscaba una presa. Él les dijo que no se movieran; tras la cascada estaban a salvo, ya que amortiguaba el sonido y el movimiento. El descuido de uno de sus hombres al dejar caer una de sus armas fuera de la cascada lo llevó a intervenir. Sacando su kukri y dando un portentoso salto, atravesó la cascada, aterrizando sobre el lomo de aquel aterrador y gigantesco oso cavernario. La lucha fue despiadada; él asestó tres fuertes golpes sobre las cervicales del oso, que, desesperado, se puso sobre sus dos patas traseras e intentó aplastarlo contra las rocas. Pero él era muy hábil y saltó a un lado, cosa que el oso aprovechó para abalanzarse sobre él. Con un certero golpe, hundió su kukri en el corazón del oso, que cayó sobre él..
Su equipo creyó que el oso lo había matado y lloraban su pérdida. Hasta que ella se acercó y oyó que alguien decía: –"No os quedéis como unos padmarotes y sacadme de aquí." Ella corrió y tiró de una de las garras, diciendo: "Está vivo, hay que levantar al oso." Arengó a sus compañeros, que fueron a ayudarla. Levantaron al gigantesco oso; bajo él estaba su jefe, empapado en sangre. Ella se asustó.
"No es mía", dijo él, tranquilizándola.
Continuará...
M. D. Álvarez
No hay comentarios:
Publicar un comentario