viernes, 16 de enero de 2026

El regreso del forastero.

Ninguno de sus antiguos compañeros lo había reconocido. Se había retirado a las montañas para pensar en cómo debía afrontar la pérdida de su brazo izquierdo, pero ella creyó ver algo más en aquel joven con barba poblada pero bien cuidada. Vestía como un leñador y cubría su cabeza con un gorro negro de invierno. Descubrió que se ocultaba en las sombras; no quería ser descubierto y tener que dar explicaciones. Se dio cuenta de que ella lo había descubierto y lo siguió.

—Espera, te conozco —preguntó ella.  
—Tanto he cambiado —dijo él, mirándola directamente. 

Aquellos ojos no podía ser; había desaparecido hacía meses. 

¿Cómo es posible que estés vivo? —dijo ella, corriendo hacia él y abrazándolo. Fue entonces cuando se percató de que le faltaba el brazo izquierdo.

Ella retrocedió un paso, aún sin poder creer lo que veía. Él la miró con una mezcla de tristeza y alivio.

—Fue un accidente —dijo él, señalando el vacío donde antes estaba su brazo—. Pero sobreviví, gracias a la ayuda de unos lugareños.

—¿Por qué no volviste? —preguntó ella, con lágrimas en los ojos.

—No podía enfrentarme a todos así. Necesitaba tiempo para aceptar lo que me había pasado.

Ella asintió, comprendiendo el dolor y la lucha interna que él había vivido. 

—Lo importante es que estás aquí ahora —dijo ella, tomando su mano derecha—. Y no tienes que enfrentarlo solo.

Él sonrió por primera vez en meses, sintiendo una chispa de esperanza.

—Gracias —susurró—. No sabes cuánto significa esto para mí.

M. D. Álvarez 

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