viernes, 2 de enero de 2026

El corazón de un príncipe. 2da parte

La joven sintió cómo el peso de la tristeza se aligeraba un poco al escuchar las palabras de la madre de Draian. La aceptación y el respeto que la familia del alhurion le ofrecía era un bálsamo para su corazón herido. Sabía que su amor, aunque truncado, había dejado una huella imborrable en su vida y en la de su descendencia.

Mientras el luto se transformaba en celebración, la madre de Draian se acercó a ella con ternura. “Tu viaje no ha sido en vano. La simiente que llevas dentro es un vínculo eterno entre nuestras razas. Él siempre vivirá a través de ti”, dijo, acariciando suavemente su vientre.

La joven asintió, sintiendo una mezcla de dolor y esperanza. En su interior, la vida comenzaba a florecer, y con cada latido, sentía que el espíritu de Draian estaba presente, guiándola hacia un futuro que aún no podía vislumbrar.

Los días pasaron mientras se quedaba con la familia del alhurion. Aprendió sobre sus costumbres y tradiciones, descubriendo la rica cultura de los alhuriones que había estado tan alejada de ella. Se unió a sus rituales bajo la luna llena, donde danzaban y cantaban en honor a los espíritus ancestrales. En cada celebración, sentía cómo el amor por Draian se mezclaba con el orgullo por su herencia.

Una noche, mientras contemplaban las estrellas desde una colina cercana, la hermana pequeña de Draian se acercó a ella. “¿Cómo lo conociste?” preguntó con curiosidad. 

La joven sonrió al recordar los momentos compartidos. “Era un guerrero noble y valiente, pero también era tierno y comprensivo. Siempre sabía cuándo necesitaba consuelo”, respondió, con lágrimas en los ojos.

“Tu amor es lo más puro que he visto”, dijo la hermana mientras abrazaba a la joven. “Cuando nazca tu hijo, será un puente entre nuestros mundos.”

A medida que pasaban los meses, la joven comenzó a prepararse para el nacimiento del niño. La madre del alhurion le enseñó a tejer mantas y a cantar canciones ancestrales que resonarían en el corazón del bebé. Cada día que pasaba se sentía más conectada con su nuevo hogar y con la familia de Draian.

Finalmente, llegó el día del nacimiento. Bajo el brillo plateado de la luna llena, rodeada por las mujeres alhuriones, dio a luz a un hermoso niño que llevaba en sus ojos el reflejo del cielo estrellado. Al sostenerlo en brazos, sintió que Draian estaba allí con ella, sonriendo desde el más allá.

“Bienvenido al mundo”, susurró mientras las lágrimas caían por sus mejillas. “Eres amado más allá de lo que puedes imaginar.”

La familia celebró el nacimiento como un nuevo comienzo y una unión entre dos mundos. La joven supo en ese instante que su amor nunca había sido en vano; había creado vida y esperanza donde antes solo había dolor.

Continuará...

M. D. Álvarez 

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