jueves, 15 de enero de 2026

Una noche para soñar.

Era su noche y no se la iban a chafar. Ella llegaba de un largo viaje y él le tenía una sorpresa. Antes de ir a recibirla al aeropuerto, hizo una reserva en el mejor restaurante de la ciudad y compró cosas especiales: velas, flores y aceites esenciales.

Se duchó y se puso su mejor traje, aquel que le gustaba a ella, y se dirigió en su Maserati GT rojo a recogerla al aeropuerto. La vio salir; estaba arrebatadora, casi le dio un vuelco el corazón. Ella lo vio; estaba verdaderamente elegante y apuesto. Corrió hacia él, lanzándose al cuello, y lo besó con dulzura. 

—"¿Qué haces aquí?" preguntó ella en un susurro casi imperceptible.  

—"Tengo una sorpresa para ti," respondió él con una alegre sonrisa. —"Pero antes de nada, vamos a casa y te cambias."  

Había comprado el vestido que a ella le gustaba y lo había puesto amorosamente sobre la cama. En cuanto ella lo vio, lo adoró aún más de lo que ya lo hacía. Así que le siguió la corriente, se duchó y se puso aquel espectacular vestido palabra de honor rojo. Cuando salió de la habitación, ella estaba radiante.  

—"Y ahora vamos, tengo una reserva en el Domenicos," dijo casi sin aliento.  

En el restaurante, en el que casi no había sitio pero que curiosamente aquel día estaba vacío, le confesó sus sentimientos hacia ella.  

Ella lo escuchaba con ternura; sabía que era parco en palabras, pero no en hechos. Había logrado sorprenderla y, muy agradablemente, lo vio luchar contra sus miedos y le dijo que ella también lo quería.  

Entre platos de pasta y vino tinto, la noche transcurrió en calma, entre risas y susurros. Los dos confesaron el amor que se profesaban el uno al otro.

M. D. Álvarez 

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