Tras la rúbrica, él la miró con ternura y dijo: "No dejes que nadie te toque; ahora eres mi esposa".
Ella lo miró y vio su sonrisa; parecía calmada, pero escondía una maldad aterradora que, de haberlo sabido, sus padres no la habrían ofrecido en matrimonio. La noche de bodas descubriría que aquel hombre era un vampiro y que lo que quería era su sangre.
M. D. Álvarez
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