lunes, 19 de octubre de 2026

El duelo.

Su honor era todo lo que le quedaba; lo había perdido todo: su cargo como comandante, su estatus, hasta su chica lo dejó. Pero su honor no se lo quitarían. Se batiría en duelo por el favor de su chica. La habían confundido e influenciado para que lo dejara, y eso no estaba bien; era lo que más le dolía. Ella lo era todo para él, su razón de vivir, y lucharía por su honor y por ella. Por lo menos, le debía una explicación. La esperó al salir de su trabajo. Ella, al verlo, tuvo un vuelco al corazón; llevaba días sin verlo y, ahora que lo tenía delante, su corazón lo anhelaba, pero su mente lo rechazaba. Su corazón era lo único que lo veía tal y como era, sin dobleces ni habladurías.

Ella hizo caso a su corazón en vez de a las habladurías y corrió a sus brazos. 
—No lo hagas, por favor, no te batas en duelo; te despedazará —dijo ella, temblorosa.

—Debo hacerlo; si no, mi honor no será nada. ¿Tan poco confías en mi fuerza? —preguntó él, mirándola a los ojos.

—Claro que confío en ti, solo que no quiero que te hagan daño —refirió con dulzura.

—Yo me encargaré, y ahora que sé que tú me quieres, redoblaré esfuerzos para salir victorioso del duelo —dijo con tal determinación que ella no tuvo dudas de que él ganaría el duelo.

M. D. Álvarez 

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