jueves, 1 de octubre de 2026

No estoy gordo.

—"Que estoy gordo, bufo, herido en su amor propio.

—"No, mi vida, tú no estás gordo, solo tienes los huesos más densos." Trató de calmarlo poniendo su grácil mano sobre su pecho.

—"Como vuelva a oír a alguno de tus amigos llamarme gordo, lo voy a espabilar, pero no a hostias, lo voy a espabilar a guantazos, — rugió fuera, de sí.

Mientras ella trataba de apaciguarlo, sus amigos se partían el culo y hacían gestos.

—"Os podéis largar de una puta vez o lo dejo que os arree con ganas."

—"Venga, déjalo, no sabemos qué has visto en él."

—"Te estás ganando una somanta de palos. Lo prefiero a él mil veces antes que juntamente con unos desaprensivos como vosotros. Él es más dulce y encantador, también tiene su puntito de mala leche que, como no lo frene, os molería a palos."

Él la miró con dulzura y amor; siempre se preguntó qué había visto en él y ahora lo sabía.

—¿De verdad me prefieres a mí en vez de a ellos? 

—Claro que sí, mi adorable y dulce bribón.

M. D. Álvarez 

El primer cazavampiros.

El primer cazavampiros no fue Van Helsing, sino un tal Caudetts. En 1807, comenzó su lucha contra un sanguinario asesino.

Se presentó en uno de los barrios donde habían desaparecido cierto número de personas.

Sus pesquisas lo llevaron a desenmascarar al supuesto vampiro; idear cómo frenar a tan depravada criatura.

Comprobó que el cuerpo presentaba todos los signos de ser un vampiro, le cortó la cabeza y le clavó una estaca en el corazón.

Aunque ese no fue su último vampiro. Su lucha lo llevó a viajar hasta Austria, donde fue nombrado por el emperador Comisario de Asuntos Especiales.

También se cuenta que luchó como capitán de granaderos. ¿Su nombre? Poco importa, ya que a lo largo de la historia su nombre fue desapareciendo al igual que su tenacidad en la lucha contra los vampiros.

M. D. Alvarez