—¿Qué? —preguntó ella, volviéndose en la dirección que él señalaba.
—La naturaleza dota a los menos agraciados con hembras esculturales —señaló él, mientras apuntaba a una pequeña ardilla que se lo estaba montando con una espectacular ardilla.
—Marcus, mira que eres tonto, no ves que ese pequeñín está muy bien dotado —replicó ella con una sonrisa traviesa. Además, no siempre ocurre que la naturaleza da dotes a los menos agraciados; tú eres la prueba —dijo con una sonrisa aterciopelada.
—Vaya, gracias, ahora sé que no solo me quieres por mi hermosura —dijo con su sonrisa más genuina.
M. D. Álvarez
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