"¿Será la medicación?", pensó para sí.
Se desnudó y se metió en la cama con él. Lo abrazó con cuidado, pues todavía estaba convaleciente. Lo besó con delicadeza; no deseaba importunar su sueño. Llevaba varias semanas sin pegar ojo y, justamente ese día, se quedaba dormido.
Mientras se acomodaba a su lado, ella no pudo evitar sonreír al verlo tan tranquilo. Había pasado por momentos difíciles, y verlo descansar así le llenaba el corazón de calma. Su mano recorrió suavemente su brazo, sintiendo la calidez de su piel.
"¿Qué te ha llevado a dormir tan profundo?", murmuró en voz baja, como si él pudiera escucharla en sus sueños.
Los recuerdos de las últimas semanas inundaron su mente: las noches de insomnio, las preocupaciones constantes por su salud y la angustia que había sentido al verlo luchar contra la enfermedad. Pero ahora, en ese instante, todo parecía desvanecerse.
Se quedó allí, disfrutando del silencio y de la paz que ambos compartían. El suave respiro de él era como una melodía que la arrullaba. Sin embargo, la preocupación seguía latente en su corazón. Sabía que debía estar atenta; aunque él dormía plácidamente, no podía dejar de pensar en lo frágil que era la vida.
Pasaron unos minutos antes de que ella decidiera cerrar los ojos también. Justo cuando estaba a punto de ceder al sueño, sintió un movimiento a su lado. Él se giró lentamente, abriendo los ojos con dificultad.
—¿Dónde estás? —preguntó con voz adormilada pero llena de cariño.
—Aquí —respondió ella, acariciando su rostro—. Solo quería estar cerca de ti mientras dormías.
Él sonrió débilmente, intentando incorporarse un poco más. —Lo siento por hacerte esperar... No quería preocuparme tanto.
Ella rió suavemente, sacudiendo la cabeza. —No te preocupes por eso. Lo único que importa es que estés bien ahora.
Se miraron a los ojos por un momento que pareció eterno. Era un intercambio silencioso lleno de amor y complicidad.
—Prometo que mañana será un nuevo día —dijo él con determinación..
Ella asintió, sintiendo cómo una ola de esperanza llenaba el aire entre ellos. No importaba cuánto tiempo hubiera pasado ni cuántas dificultades enfrentaran; mientras estuvieran juntos, sabían que podían superar cualquier obstáculo.
Y así, se acurrucaron el uno contra el otro, dejando que el calor del amor los envolviera mientras el mundo exterior se desvanecía en una suave oscuridad.
M. D. Álvarez
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