A mí me empezaban a entrar dudas de que sucediera lo que dijeron.
Era un suceso tan extraordinario que no podía ser real. ¿Dónde se ha oido, que aterrizará un OVNI en medio del Vaticano? Y mucho menos que sus tripulantes descendieran y se declararan católicos practicantes.
Solo podía ser una campaña publicitaria para atraer feligreses. Últimamente habían dejado de acudir a la iglesia como fuente de salvación.
La campaña había sido orquestada por la camarilla de asesores del Papa. Solo les falló una cosa. No sabían que tendrían que enfrentarse con el mejor sabueso de lo desconocido, que les desmontó la campaña en un pis pas.
M. D. Álvarez
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